17/3/14

"Nuestro" arte en la edad del silicio: Trotamundos digitales

Hoy nos levantamos con una agradable sorpresa: Roberta Bosco y Stefano Caldana nos dedican la parte final de su post Trotamundos digitales en El arte en la de Edad del Silicio. GRACIAS [Hace ilusión que se acuerden de una, aunque la anécdota sea un tanto ¿peculiar?]



14/3/14

Datos, acceso e intimidad (de todos) al descubierto.


Fuente (todas las imágenes)
 Llevo unas semanas sintiendo especialmente como el control empresarial se ha colado de lleno en mis actividades cotidianas. [Me siento como un conejillo de indias del marketing más rebuscado]. Conozco sus reglas, pero me preocupa comprobar que las redes económicas son cada vez más estrechas: ni el mismísimo Eli Pariser daría crédito a lo que está pasando delante de mis narices...

Hemos empezado a colaborar en una nueva empresa. Desde el día de la primera reunión recibimos insistentemente sugerencias de dos aplicaciones para que conecte con X. Una persona encantadora: se lo comento y accede a ser "mi amig@" [Me cayó muy bien el primer día que coincidimos. No me pasa con todo el mundo, pero como siga así va a acabar sin dirigirme la palabra]. Cruzo los dedos para que los bits no decubran otros posibles vínculos e insistian en que seamos súperamig@s digitales]. Ayer apareció como por arte de magia en la pantalla Y. Se lo explico y también nos hemos convertido en "amig@s digitales de la muerte" [aunque es muy probable que amb@s personas acaben rehuyéndome por los pasillos...].

Hace un ratito ha aparecido en la pantalla Z.: ¿qué hago? ¿le explico lo mismo que al resto? ¿me estreso? ¿me doy de baja de todo? ¿me juego mi futuro profesional?.  ¡Uf! Mucho follón para una tarde de viernes. De todos modos, si me borro, siempre me quedará el recurso de acceder a parte de mis datos en compilaciones palpables como las que realizó Aram Bartholl en Forgot Your Password?. 



La pieza pone en evidencia cómo las redes sociales, además de comerciar con nuestras vidas, son vulnerables. En verano de 2012 LinkedIn fue hackeada y dejó al descubierto las contraseñas de 4,7 millones de usuarios. Cuando se lee ese tipo de noticias no solemos darnos cuenta de la dimensión del problema. Bartholl aprovechó la circunstancia para imprimir los datos y dejar constancia de todos ellos en 8 volúmenes y en diversos plafones que ha expuesto en diferentes espacios. Siempre se invita a los visitantes a buscar los suyos y pocos son los que no se resisten a la tentación de mirar, buscar ¡y espiar cuentas ajenas!

  


Me estoy poniendo trascendente, así que voy a intentar dejar mis reflexiones pendientes hasta el lunes ;-). Pasad un buen fin de semana.